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Bosques de cuento para visitar en Argentina antes de que se termine el otoño

Entre montañas y valles, los miles de árboles que habitan los parques nacionales del sur son un espectáculo de matices cromáticos.

Por Mariana Minervini (Especial).

Extensa, lejana, misteriosa; la Patagonia tiñe sus bosques de tonos amarillos, ocres y rojizos en otoño; como una explosión de color previa a la llegada del invierno y de la inmaculada nieve. Como salidos de un cuento, los bosques andinos patagónicos encuentran su máxima expresión en los parques nacionales de la región donde, a través de largas caminatas, se puede sentir la vida que esconden. Sólo hace falta muy buen abrigo, zapatos de trekking y cámara de fotos para salir a caminar. La emoción y la adrenalina de la aventura harán su parte ante las inclemencias del clima. 

Conocer todos los bosques de los parques nacionales parece una misión imposible, no sólo por las hectáreas que ocupan sino también por la distancia que hay entre uno y otro: desde Neuquén, pasando por Río Negro, Chubut y Santa Cruz hasta Tierra del Fuego. Por eso, el viaje debe planificarse con tiempo o en varias etapas.

Actualmente, son 48 las áreas protegidas que forman parte de la Administración de Parques Nacionales (APN) y 17 de ellas corresponden a la Patagonia. En esta región, los bosques son los más australes del planeta y cuentan con la particularidad de haber permanecido por millones de años aislados de otro tipo de bosques, lo que permite que crezcan animales y plantas únicas.

A la altura de un paraíso

La primera propuesta es el Parque Nacional Lanín, en Neuquén, que cuida más de 400.000 hectáreas donde se encuentra un bosque patagónico de estepa y altos andes; enmarcado por su característico volcán. El área protegida permite disfrutar de más de 80 sendas diferentes, donde la caminata se realiza entre especies como pehuén, roble pellín y raulí mientras se observan las majestuosas elevaciones de la cordillera y sus cumbres nevadas. En las zonas menos elevadas, se encuentra la selva valdiviana. Uno de los caminos imperdibles es la zona del lago Ñorquinco, cuyas aguas están rodeadas por laderas cubiertas de pehuenes, ñires, lengas y coihues. A través de un sendero pedestre de 5 kilómetros se puede llegar a la cascada Coloco.

Otro histórico bosque patagónico es el que alberga el Parque Nacional Nahuel Huapi (de 710.000 hectáreas), el primero del país en ser reconocido como tal y recientemente distinguido como Maravilla Natural Argentina. El área se emplaza entre Neuquén y Río Negro y convive con ciudades turísticas como San Carlos de Bariloche y Villa La Angostura. La porción del bosque andino ocupa más del 60% del área protegida y predominan en este ambiente especies como el coihue, la lenga y el ñire. Recientemente, según la APN, se dio un fenómeno excepcional que ocurre cada 60-80 años: la floración masiva de la caña colihue, un proceso natural que representa una oportunidad de renovación para la especie al permitir el crecimiento de una nueva generación de árboles.

Una mención especial merece el arrayán, con su corteza característica de color rojizo que, al desprenderse, deja irregulares sectores blancos en su tronco. Esta especie dio lugar a la creación de un parque nacional específico dentro de Nahuel Huapi: el Parque Nacional Los Arrayanes (1.796 hectáreas). Situado en la península de Quetrihue, conserva un gran y añoso bosque de características particulares.

Inmensa y mágica soledad 

Si de antigüedad se trata, se puede visitar un bosque milenario en el Parque Nacional Los Alerces (de 259.570 hectáreas) ubicado al oeste de Chubut. Según investigadores y naturalistas, el alerce posee un valor universal excepcional, por ser la segunda especie viviente más longeva del planeta que contribuye a la conservación de los ecosistemas boscosos de la Patagonia. Pero hay uno que, sin duda, se lleva todas las miradas: el “alerce abuelo” (youtu.be/_dzkTKsd4z8). Se mantiene en pie con 57 metros de alto y 2,8 metros de diámetro después de 2.600 años y ha sido contemporáneo de los más relevantes sucesos históricos.

Y se acercan los parques nacionales más australes de Argentina. Al sudoeste de Santa Cruz está el bosque patagónico del Parque Nacional Los Glaciares (726.927 hectáreas), que fue creado para preservar una extensa área de hielos continentales y glaciares y que, también, fue reconocido este mes como una de las siete Maravillas Naturales de país. El bosque de ñire, guindo y lenga protege y enmarca como una postal al imponente coloso de hielo: el mítico Perito Moreno. El paisaje se completa con lagunas y ríos de deshielo, lagos y cerros imponentes como el Fitz Roy y el Torre, ubicados en la zona norte del parque. Al recorrer sus senderos entre follaje y estepa, si la suerte acompaña, los amantes de la fotografía podrán registrar al huemul que, con la llegada del frío, comienza a bajar de las praderas de altura en busca de refugio. 

El último, el más austral, el del “fin del mundo” es el Parque Nacional Tierra del Fuego (de 70.000 hectáreas) ubicado en la provincia que lleva su nombre y creado para proteger los bosques fueguinos. Se destacan porque se encuentran cerca de la costa marítima conformada por la bahía Lapataia, de seis kilómetros de longitud sobre el Canal de Beagle. La singularidad de sus bosques permite apreciar diversidad de especies: lengas, guindos, coihues magallánicos, canelos y ñires; en el último tramo de bosque del país.

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