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Ascender al volcán Lanín, un desafío que vale la pena intentar

Paso a paso, así se hace el ascenso al pico emblemático de la cordillera neuquina. Una aventura contada en primera persona. 

Por Leandro Blanco Pighi (Especial).

La adrenalina recorre el cuerpo, se apodera de él con cada giro de las ruedas del colectivo. San Martín de los Andes va quedando atrás en la ruta. Unos 40 kilómetros hacia el norte se encuentra Junín de los Andes, y 69 kilómetros más allá el primer objetivo se concreta: el Paso Tromen y la oficina del Parque Nacional Lanín, en Neuquén, reciben a los montañistas.

El guardaparque se ocupa de controlar los equipos de aquellos que están registrados para hacer cumbre. El registro correspondiente al Parque Nacional Lanín se hace de forma on line y el montañista se asegura la plaza de pernocte en alguno de los refugios o en su carpa.

El Lanín es un estratovolcán considerado activo, ubicado en el sur de Argentina y Chile. Tiene una altitud de 3776 metros sobre el nivel del mar. (Eduardo Miotti)

Un factor fundamental a la hora de emprender el trekking por esta montaña es el clima. "Si las condiciones no son favorables para el ascenso, no lo intentes, la montaña siempre estará ahí", reza un cartel de madera a un costado de la vía. El éxito en la subida sólo es posible si se respeta la naturaleza.

Lanín: en tierra de mapuches 

Pasadas las 10 de la mañana, una vez recibida la aprobación, empieza la caminata. Está todo listo para emprender este gran desafío: trepar hasta la cumbre del volcán Lanín, ícono del sur de nuestro país. Esta tarea implica dos días de mucha exigencia, tanto física como mental.

Unos pocos pasos son suficientes para llegar a la tranquera que da la bienvenida al bosque de lengas. El primer tramo, el más corto del recorrido, es precioso. Un sendero de tierra cubierto por las copas de esa especie arbórea típica de la Patagonia. Al cruzar el arroyo, culmina el bosque y se hace presente la base del volcán, a 1275 metros sobre el nivel del mar. Es en este momento cuando se pone agreste el paisaje. Tras un campo gigante de roca volcánica, que data de la última erupción, comienza la llamada Espina de Pescado. Y con ella, la pendiente. La cima, completamente nevada se posa justo en frente. La emoción va en aumento.

Vista del refugio Bim. De fondo el Lago Tromen. (Eduardo Miotti)

El Paso de Mula es el próximo escalón a subir. Ahí es donde asoman los primeros manchones de nieve. El desnivel aumenta y la vista de los cerros nevados va poblando el panorama. Sobran los motivos para seguir avanzando paso a paso sobre el blanco suelo.

Merodeando las tres de la tarde, y tras cinco horas de caminata, se produce el arribo al área del refugio BIM (Batallón de Infantería de Montaña). Una opción es dormir ahí, en alguno de los domos, o seguir camino hasta el refugio CAJA (Club Andino de Junín de Los Andes). En el primero, culmina el primer día de travesía.

Nevado del CAJA, atardecer del día dos. (Eduardo Miotti)

Retroceder, nunca 

Es de suma importancia comer e hidratarse muy bien. En los domos se puede cocinar y recargar con agua las cantimploras. Mateo, el encargado del refugio, da las indicaciones correspondientes para el uso correcto del lugar y anuncia que al día siguiente se espera un clima óptimo.

Desde un palco alucinante, llega el almuerzo. El lago Tromen, rodeado de picos nevados, bendice la mesa. Los comensales prefieren no parpadear, todos quieren quedarse con ese paisaje grabado hasta la eternidad. ¿El postre? El vuelo de dos cóndores sobre las montañas de enfrente.

Aunque el cuerpo sólo piensa en descansar, todavía queda una actividad imprescindible. Es hora de practicar autodetención, usando una piqueta, para prevenir accidentes mayores en caso de caídas en el hielo. Así como también resulta necesario probar los grampones y ajustarlos a la medida de la bota para utilizarlos correctamente horas más tarde.

Domos de la Cámara de Comercio, indispensables para reponer fuerzas y abastecerse. (Eduardo Miotti)

Con una cena tempranera e hipercalórica y el armado final de la mochila (subir liviano dejando lo más pesado en el domo es lo más recomendable) culmina la primer jornada. Simulando un juego de tetris dentro de uno de los domos, los huéspedes se van a descansar.

“Una de mis experiencias más increíbles. Me cuesta expresar con palabras lo que se siente llegar a la cumbre. Una montaña complicada que guarda mucha historia, respetarla es la mejor manera de disfrutarla”. Eduardo Miotti (28), periodista.

A las 2:30, en plena madrugada, suena el despertador. Tras la puerta, florece la luna. Llena, amarilla, radiante. Un buen augurio palpitando lo que está a punto de suceder.

Lo primero del día es desayunar. Los bocados de ansiedad se agolpan con los mates y el pan. Mientras tanto, los músculos, inquietos, esperan por la exigencia física que implica alcanzar el objetivo. Con los grampones y bastones listos, comienza el desafío.

Un descanso antes de seguir hacia el objetivo: la cumbre nevada. (Eduardo Miotti)

Sobre el casco, la linterna encendida va marcando dónde es más conveniente clavar los pies. La luna llena ayuda a iluminar en la helada noche. Cada movimiento demanda mucho esfuerzo. Durante la trepada, es necesario detenerse varias veces. A renovar oxígeno, a tomar un poco de hielo del piso (el agua de la mochila está congelada–) y también a admirar el lugar donde se posa el alma en esta mañana sin par.

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Mientras los metros ascienden, zigzagueando por una de las caras del volcán, la vista panorámica no para de mejorar. Una gigantografía imponente se apoya sobre los ojos, sostenida por la belleza infinita.

El frío y el viento se hacen sentir. Intentan voltear la esperanza de los montañistas. A estas alturas, pienso que nada me puede detener. Ver el punto exacto donde estoy parado es una inyección anímica que empuja hacia la cima. La nieve se va poniendo cada vez más dura, señal de que hay que cambiar bastones por piquetas.

Ya cerca de las seis de la mañana comienza a aclarar el cielo. De frente a la montaña, detengo la marcha para contemplar lo que ocurre a mis espaldas. La línea del horizonte juega entre naranjas y rosas, rojos y violetas. A la izquierda, la luna llena, gigante, parece estar a punto de rebalsar su propia circunferencia. A la derecha, una esfera de fuego emerge desde lo profundo del amanecer.

“Llegamos a 3776 metros en dos días de mucha exigencia física y mental. Hubo momentos en los que mi cuerpo estaba muy fatigado y no me respondía como quería, pero la cabeza siempre está a la altura de las circunstancias”. Lucas Ledezma (32), profesor de Educación Física. 

A pesar de las ráfagas de viento, que se vuelven insoportables, el ascenso continúa. Con mucho coraje, pisando a fondo. Piqueta, grampón, grampón, piqueta. La secuencia se repite, con fuerza.

La cumbre 

Cumbre del volcán Lanín, a 3776 msnm. (Eduardo Miotti)

Y de repente, aparece la cima. El cráter del volcán cubierto por el hielo y la nieve. El glaciar se hace presente, explotando de felicidad. Los 3776 m.s.n.m. están bajo las suelas.

¡Acá está la cumbre! Objetivo logrado. Sueño cumplido.

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El descenso es una fiesta, a puro culipatín, riendo a carcajadas por el éxito alcanzado.

Para tener en cuenta

REQUISITOS. El ascenso al volcán Lanín es una actividad exigente, para la cual es necesario tener un estado físico adecuado. Así como también es fundamental subir con guía especializado en caso de no tener conocimiento de montaña. Al llegar al Centro de Información del Parque Nacional Lanín es indispensable cumplir con todos los requisitos exigidos para ser autorizado a emprender el ascenso hacia la cumbre.

EQUIPAMIENTO . Casco, grampones, piqueta, bastones, mosquetones, radio VHF con batería adicional, botas impermeables, abrigo de montaña (campera de nieve, polar, remera y calza térmica, pantalón impermeable, polainas, guantes, gorro), lentes de sol con protección U.V. 400, linterna frontal con batería de recambio, botiquín grupal de primeros auxilios (vendas, gasas y apósitos), bolsa de dormir (con un rango de temperatura de por lo menos -5°), honeta aislante, dos litros de agua. Es fundamental el uso de protector solar. En época invernal: ARVA, pala y sonda.

RECOMENDACIONES. El registro para el ascenso es obligatorio y gratuito. La capacidad diaria de visitantes en la montaña es de 80 personas, incluye refugios y carpas. Se recomienda que en el paso del bosque de lengas se transite únicamente sobre los senderos. Caminar por atajos produce erosión del suelo a largo plazo. Es menester primordial regresar con todos los residuos producidos. Es nuestra responsabilidad la conservación del lugar.

Bosque de lengas.

Datos útiles

CÓMO LLEGAR. Desde Córdoba es posible volar con JetSmart de manera directa a San Carlos de Bariloche desde $ 3.200 (ida y vuelta). Desde ahí, a San Martín de los Andes o Junín de los Andes el día previo al ascenso. Hay colectivos a ambos destinos desde la terminal de ómnibus de Bariloche. Se puede alquilar un auto.

DÓNDE DORMIR. En la ciudad de San Carlos de Bariloche, hospedarse en Selina es una buena opción a partir de los $ 650 por persona, por noche. En San Martín de los Andes, el Puma Youth Hostel ofrece servicio de alojamiento desde $ 700 por noche. En Junín de los Andes, hospedaje a partir de los $ 600.

CÓMO SUBIR AL LANÍN. Alquimia Expediciones, un prestador de servicio habilitado por Parques Nacionales, ofrece excursiones de ascenso al volcán Lanín así como también el alquiler de equipos. Sitio web: ww.alquimiaturismo.com.ar, Instagram: AlquimiaExpediciones. Teléfono: 02972-420355. En la ciudad de San Martín de los Andes: Villegas 1214.

MÁS INFO: www.pnlanin.org.

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