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Noticias sobre turismo

Argentina tiene que dejar de expulsar al turista argentino

Una opinión sobre por qué el coronavirus desnudó un problema de nuestra industria y plantea un dilema a futuro. Los precios de los principales destinos del país, no los podemos pagar. La transformación comenzó, pero lentamente.

Por Daniel Santos (Especial).

Este verano, Argentina necesitó de los argentinos. Suena demasiado simple para abordar un tema tan complejo.

Con fronteras cerradas en todo el mundo, restricciones permanentes para salir o para entrar al lugar que sea del continente que sea, con líneas aéreas en crisis inédita (para algunas, terminal), todas las provincias y ciudades del país necesitaron del turismo nacional.

Suena hermoso para un discurso, pero eso obligó a repensar la industria completa... algo que ni siquiera ha comenzado a profundizarse, a pesar de que pasaron varios meses.

Las pistas de esquí de Bariloche, San Martín de los Andes, Las Leñas o las lejanas de Ushuaia; el enoturismo de Cuyo; las Cataratas del Iguazú; la Ciudad de Buenos Aires; el norte argentino. Se pueden nombrar pequeñas ciudades de impacto turístico, o provincias y regiones enteras cuya economía depende en buena medida de las visitas internacionales.

La Ciudad de Buenos Aires. Foto: mitihander / Canva Pro

Visitas que significan dólares; dólares que significan dejar al margen a los mismos argentinos con sus pesos devaluados, a pesar de que hoy tanto se necesitan en los mejores lugares de nuestro país. 

¿Por qué el viajero argento elegía siempre salir? Primero, por el gusto por conocer otros lugares; después, por la tendencia a disfrutar de las playas del Caribe, de Brasil o de Miami, los lugares más populares.

Pero por último, porque si se hacía una cuenta rápida, el costo de irse afuera o de conocer la Patagonia no era tan diferente.

Por eso tampoco las agencias y los operadores turísticos emisivos se preocuparon por trabajar el mercado nacional, algo que tuvieron que hacer en un obligado plan de reconversión.

Hizo falta el coronavirus para obligarnos a repensar la industria turística a nivel mundial, corregir lo que se hizo mal, preservar lo bueno; pero también para entender que Argentina debe dejar de expulsarnos e ignorarnos.

Cambio lento

Los hoteles tuvieron que adaptar sus tarifas; los restaurantes, también; la actividad completa, que siempre se desentendió del viajero cercano, imagina cómo seducirlo porque hoy lo necesita más que nunca. Y, probablemente, lo necesitará en el futuro inmediato.

No es tan fácil el camino, porque el comportamiento no es tan diferente de aquel que exporta carne o aquel que exporta granos, y que se preocupa por el mercado exterior; pero es bueno reconocer que hay un problema, para encontrar un modo de abordarlo.

No hay que caer en el error de pensar una salida transitoria, hasta que todo pase y estemos vacunados e inmunes. La transformación debe ser profunda, y abarcar a los sectores públicos, privados y académicos de todo el país.

Para eso, son imprescindibles las políticas públicas serias, para comunicar fronteras adentro acerca de nuestra hermosa Argentina, geográfica, cultural, histórica, que nada tiene que envidiarle al mundo.

Nuestro país debe aprender a ser el mejor anfitrión, primero para nosotros mismos.

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